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Museos

Museo Rafael Coronel, el rostro de México

En el estado de Zacatli (del náhuatl), mejor conocido como Zacatecas, se encuentra uno de los museos más impresionantes y hermosos de toda la República Mexicana, el cual guarda y conserva cientos de hermosas piezas: El museo Rafael Coronel o mejor conocido como “Museo de las Máscaras”.

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En el estado de Zacatli (del náhuatl), mejor conocido como Zacatecas, se encuentra uno de los museos más impresionantes y hermosos de toda la República Mexicana, el cual guarda y conserva cientos de hermosas piezas: El museo Rafael Coronel o mejor conocido como “Museo de las Máscaras“, el cual contiene uno de los acervos más impresionantes de la región.

Se encuentra ubicado en lo que solía ser el Ex convento de San Francisco. Al caminar por sus pasillos y rincones es fácil imaginar la vida de frailes y sacerdotes orando y realizando su actividad religiosa.

La belleza arquitectónica del lugar se nota por doquier, la perfección del arte en todo su esplendor se transpira tanto en su interior como en el exterior. El museo está dedicado al arte popular mexicano y cuenta con más de 16,000 piezas de máscaras que van desde vestigios prehispánicos hasta de obras arte moderno que en su conjunto, son un deleite cultural.

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Su nombre actual fue otorgado en honor del artista y pintor mexicano Rafael Coronel, nacido en el hermoso Zacatecas en el año de 1931, muchas de las piezas exhibidas en el museo fueron donadas por él y por su amigo y yerno, el famoso muralista Diego Rivera.

La colección de máscaras que resguarda en su interior es realmente impresionante, denota inmediatamente el arte popular mexicano y por supuesto las diversas vertientes que utilizan para dar diferentes formas a través de máscaras a santos, animales, deidades, demonios, personajes o miedos.

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Es la compilación de rostros más grande del mundo, de las cuales tres mil quinientas se encuentran en exhibición, algunas son realmente tenebrosas y otras más son angelicales. Al mirarlas es imposible no pensar en las manos que las esculpieron con dedicación y paciencia.

Más que máscaras, son ejemplo viviente de artesanías, al estar en su mayoría talladas a mano sobre pedazos de madera. Sus hermosas combinaciones de colores y algunos dientes o plumas de animales, las hacen piezas únicas e irremplazables.

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Cada uno de los rostros tiene una visión diferente desde el punto de vista que se mire. Algunas máscaras prehispánicas denotan una mezcla entre dioses y un ámbito cósmico-astral. Por otro lado, las piezas culturales son el mejor aliado durante el recorrido ya que permiten entender la historia que hizo de México un hermoso y rico país de ideologías y sensaciones.

Otra de las salas que llama la atención es la “Sala de los Títeres” los cuales fueron creados por la compañía Rosette Aranda, la más importante en su estilo hasta la fecha y cuyos personajes arrancaron risas a chicos y grandes. Estas originales marionetas invaluables, son la expresión de uno de los oficios más nobles del ser humano para crear alegría, el titiritero.

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Una parada obligada durante el recorrido es “La sala Diego Rivera” la cual cuenta con una de las más extraordinarias muestras de bocetos que realizó el artista, por ejemplo, se puede apreciar el proyecto de mural del Teatro de los Insurgentes en la Ciudad de México.

“La Sala de la Olla” otro viaje en el tiempo que nos regala a todos los visitantes. Un vistazo a las técnicas ancestrales que las antiguas culturas prehispánicas utilizaban en la elaboración de sus vasijas. En este espacio se presentan obras realmente antiguas del estado de Oaxaca, Veracruz y del Valle de México.

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Este peculiar museo se encuentra abierto de lunes a domingo (los miércoles permanece cerrado) con un horario de 10:00 a 16:30 horas, la entrada tiene un costo para niños de $10.00 y adultos de $30.00 pesos mexicanos.

Las máscaras no sólo representan la riqueza cultural de un país, son un espejo del alma del mexicano a veces triste, a veces alegre,  quizás con temores o respeto a la naturaleza; pero sobre todo, representan la pasión con que se viven las tradiciones y el minucioso arte de México.

América

Pittock Mansion, el sueño de todos los que llegan a Portland

La sala de costura, el salón social, la recamara del niño, la cocina, el salón para fumar y la sala de escritura son espacios que las residencias como Pittock Mansion solo eran parte del sueño de Henry

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Portland es una ciudad llena de encantos que si te descuidas te puede enamorar enseguida. Su naturaleza abraza la ciudad y uno de los puntos en donde puedes ser testigo de ello es en la casa-museo Pittock Mansion

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Así es, una hermosa mansión la cual parece haber salido de una novela antigua, aquella en donde se vivieron historias de riqueza, de enfermedad, de opulencia y de traición.

El sueño de un hombre de negocios

La Mansión Pittock fue el sueño hecho realidad de un hombre que llegó buscando fortuna a Portland sin un centavo.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Uno de los pioneros de la ciudad, Henry Pittock se convirtió en el propietario del periódico The Oregonian allá por el año 1860.

Junto con Georgiana Burton, su esposa, iniciaron una vida dedicada al trabajo y a la familia.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Tenían negocios bancarios, de bienes raíces, barcos de vapor, ferrocarriles, granjas de ovejas y hasta minas de plata. Todo a base de mucho esfuerzo.

La Pittock Mansion fue un encargo que Herny le hizo a un arquitecto a principios del siglo XIX.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

La idea era compartir una casa con los servicios más exclusivos de la época para el confort de los dueños y otros ocho miembros de la familia.

¿Cómo se planeó la residencia?

La mansión incluía instalaciones modernas como sistemas de intercomunicación, telefonía, iluminación indirecta, aspiración centralizada, calentadores de agua automáticos, elevador y hasta su propia lavandería.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Además de lo anterior, contaba con radiador de vapor, termostato en las paredes y una caldera de petróleo que mantenía caliente la mansión; por lo tanto, las siete chimeneas eran meramente de adorno.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

¿Te imaginas esta maravillosa residencia levantada en el centro de Portland, pero a 300 metros de altura?, Se podía ver la toda la ciudad como si fuera un castillo que dominara a su pueblo.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

La propiedad de 1,486 m2 contaba con 5 enormes recámaras principales, más otras cuatro dedicadas al personal de servicio

Además, dos porches para dormir, una cochera para tres autos, un invernadero y una cabaña conocida como “la casa del conserje”, de estilo italiano.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Los habitantes de Pittock Mansion

Henry y Georgeana junto con la familia se mudaron en 1914. Su hija Kate y su esposo se establecieron en el ala sur; la hija Lucy ocupó el ala oeste junto con su esposo, dos niñas y un bebé.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

También se fueron ahí a vivir dos adolescentes sobrinas de Georgiana, quienes habían quedado huérfanas. Además de todos ellos, una sirvienta y un cocinero de planta, vivirían en la casa de la colina.

La residencia era toda una belleza y una oposición para la arquitectura de esa época, contaba con influencias medievales y neorenacentistas de corte francés.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

La vida de los Pittock

El uso de maderas obscuras sobre todo en la biblioteca era el lugar favorito de la familia, se sentían tan cómodos que todas las tardes se reunían para leer, platicar, tejer y armar rompecabezas.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Como la familia era aficionada a la música y patrocinaban eventos y conciertos en Portland, tenían un exclusivo piano Steinway del siglo XVII hecho con madera de palo de Rosa.

Las Hijas de los Pittock quienes habían estudiado en el Conservatorio de Música de Pittsburgh, se encargaron de enseñar a sus hijos la costumbre de tocar piano para que siempre hubiera música en casa, en el salón destinado a ello.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Recorrido por la Mansión Pittock

En un recorrido podrás todavía ver algunos muebles de época, pero debes saber que tanto utensilios, ropa y mobiliario marcados con una “P”, significa que son objetos originales de la familia.

Hay varias evidencias fotográficas que muestran cómo se veía todo en aquella época cuando la mansión se encontraba ocupada por la familia Pittock.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Otras familias ricas de Portland donaron muebles para esta casa a partir de que se convirtió en museo.

Los museógrafos y curadores de la casa-museo han hecho un gran trabajo para que tu tengas un viaje al pasado. Basta con llegar, pagar tu entrada y escuchar una visita guiada con los voluntarios.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Debes hacer una parada en el salón turco, el cual se utilizaba después de la cena cuando los hombres se retiraban a fumar y beber, mientras que las mujeres se disponían a platicar, una costumbre de aquellas épocas.

Más del primer piso

Hay un comedor que se utilizaba para reuniones formales, las comidas cotidianas se hacían en el desayunador.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Por su parte la cocina contaba con aparatos eléctricos y de gas, ambos de vanguardia. Tenía un piso de goma de 8 mil piezas, ideal para caminar y no derraparse.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

La bodega estaba repleta de alimentos enlatados que los proveedores entregaban a domicilio, era una costumbre moderna y saludable; entonces, frutas, verduras y pescados (como el salmón) llenaban las alacenas de la bodega.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Por su parte la cámara frigorífica era un lujo que solo los hoteles podían usar, en esta mansión se contaba con este refrigerador Westinghouse con una puerta gruesa y tres capas de vidrio aislante.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Segundo Piso

Para ver la segunda planta debes acceder por la hermosa escalera de caracol mientras admiras los candelabros. También podrás tomar el elevador, no algo común en aquellos tiempos.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Llegar al segundo piso es entrar a los espacios íntimos de la familia; verás las recamaras de los familiares con las comodidades propias de las épocas, los megáfonos que se colocaban junto a la cama para estar en contacto con la servidumbre.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Y qué decir de los baños los cuales muestran sus mosaicos blancos con la idea de detectar cualquier germen o mancha, esto facilitaba las labores de limpieza. El sistema de ducha es otra cosa que no te puedes perder.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Las perforaciones en la tubería horizontal rociaban el cuerpo en todos los angulos, habia un dispensador de champú que descedia del techo y otro de bidé que rociaba desde el piso.

Dos regaderas más a la altura de la cintura fungían como masaje de agua en el área del hígado y los riñones.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Contaba con una manija de “prueba” para que el dedo del pie fuera el primero en saber si la temperatura del agua era la indicada.

Otras habitaciones

Los porches para dormir son espacios abiertos que en esa época eran necesarios por la epidemia de tuberculosis.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Los médicos los recomendaban como habitaciones con donde entraba aire y sol, además cubrían de la lluvia y el rocío.

Conocer la habitación de Henry, la de Georgiana, el baño principal es todo un suceso y un viaje al pasado, no te pierdas cada detalle de la decoración de sus aposentos.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

La sala de costura, el salón social, la recamara del niño y la sala de escritura son otros encantadores espacios que no te debes perder, además de los encantadores jardines que rodean la mansión.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Una familia altruista

Debes saber que cada miembro de la familia Pittock tenía sus propias aficiones y ayudaban a la comunidad de Portland a través de distintas fundaciones, organizaciones de caridad y grupos sociales.

Fundaron también la Sociedad de las Rosas de Portland junto con sus festivales y conciertos.

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Qué hacer en Portland. Foto El Souvenir

Si tienes oportunidad no te pierdas el hermoso Jardín de las Rosas, uno de los más completos del mundo.

Henry y Georgeana murieron cuando habitaban esta mansión. La familia ocupó la casa por más de 50 años hasta que quedó vacía en 1958 con los últimos herederos.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Una vez vendida, la Mansión Pittock estuvo vacía y unos años después, una terrible tormenta la azotó.

La casona sufrió serios daños que estuvo a punto de ser derrumbada por las inmobiliarias.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

El gobierno de Portland, compró la casa como parte del patrimonio histórico de la ciudad. para que, poco tiempo después se convirtiera en un encantador museo en medio de una colina boscosa.

el sueño de ser dueño

Si tienes planeado visitar Oregón debes llegar a esta mansión y escuchar la gran cantidad de historias y leyendas de la familia Pittock. Quizá veas a más de una persona que desearía ser dueña de este lugar.

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

Además de ser testigo de un pasado opulento, quizá puedas descubrir algunos secretos que no han sido revelados. Dedícale una tarde y #NuncaDejesdeViajar

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Pittock Mansion, Portlland. Foto El Souvenir

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Europa

Museo del Titanic en Belfast ¡conócelo ya!

Fue el museo más visitado del mundo por algunos años desde su fundación en 2012

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Si eres un súper fan del Titanic no te puedes perder una visita al Museo del Titanic en Europa: el más grande dedicado al barco.

Dónde se encuentra el Museo del Titanic

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El museo se encuentra en la ciudad de Belfast. Foto BDS Sponsorship

Este emblemático museo se ubica en medio de la ciudad de Belfast en Irlanda del Norte. Sí,  justo en el lugar donde se fabricó el barco, se alza el museo interactivo más grande en homenaje a él.

Se inauguró en el 2012 y es uno de los puntos turísticos principales de Irlanda del Norte.

¿Cómo es y cuánto cuesta entrar al museo?

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Interior del museo. Foto Ireland.com

La estructura es del mismo tamaño que la del barco y su diseño externo asemeja al Iceberg que hundió al Titanic. El costo es de 20 euros por persona y está abierto casi todos los días del año, salvo del 24 al 26 de diciembre.

Puedes observar sus nueve salas que están repartidas en cuatro plantas. Éstas muestran la vida en la ciudad de Belfast en la época en la que se construyó el barco (comienzos del siglo XX). También puedes mirar cómo eran los camarotes de primera, segunda y tercera clase, pasando por otro tipo de interacciones como la maqueta del barco y algunas de sus estructuras.

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Parte del museo. Foto Discover Northern Ireland

Hay una parte al exterior donde está marcada la cubierta del barco y tienen sus bancas distribuidas en los mismos lugares cuando estaban en cubierta. Y, hay un espacio homenaje a las vidas perdidas durante el hundimiento, separado por primera, segunda, tercera clase y tripulación.

Aunque creo que a los personajes que quisiéramos ver es a Jack, Rose y a los entrañables músicos que cuentan, tocaron hasta el último momento del lujoso barco.

Sin embargo, el Museo del Titanic es una parada obligatoria en un viaje por Irlanda del Norte. Sus reconocimientos como el museo más visitado a nivel mundial, por algunos años, lo confirman.

¿Sabías que existe Irlanda del Norte? Pues si no, ahora ya lo sabes y tienes el pretexto ideal para visitarlo.

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América

Museo del Bonsai en Veracruz, ¡descúbrelo!

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El nombre de este museo del bonsai es “Museo Tatsugoro Estudio de Bonsai”, el cual se encuentra en Veracruz. Para ser más precisos, está en el municipio de Fortín de las Flores. Sí, el mismo lugar donde se encuentran las vías de tren más antiguas de México.

El primer museo del bonsai en México

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Bonsai en el Museo Tatsugoro. Foto: Adrián Romero

A partir del 11 de octubre de 2008 la colección privada de bonsais de Miguel Ross se convirtió en el Museo Tatsugoro. Desde entonces ha recibido reconocimientos y algunos premios de talla internacional. ¿Por qué? Bueno, es el primero en México y Latinoamérica.

Este museo del bonsai alberga una colección de alrededor de 900 bonsais, en un área de 1800 metros cuadrados. De todos estos centenares, tienen especies catalogadas de primer nivel o gran bonsai.

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Bonsai en su maceta. Foto: Adrián Romero

Te sorprenderá saber la edad de algunos, ya que van desde los cinco ¡hasta los 500 años de edad! Y los hay de varios tamaños, desde algunos que caben en la palma de tu mano hasta otros de un metro o más. Pareciera que la técnica bonsai se pierde, pero no es así: cada uno de ellos se encuentra en su respectiva maceta.

Te puedes encontrar con especies nacionales e internacionales en este recinto que también es hogar de peces koi. Al recorrer las secciones del museo verás que tienen un estanque con muchos de ellos.

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Peces koi en estanque del Museo Tatsugoro. Foto: Adrián Romero

Ah, y si eres amante de los perros, aquí encontrarás a muchos amigos que conviven con los bonsais y los koi. Sin duda, una grata experiencia fuera de lo común.

¿Por qué el nombre de Tatsugoro?

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Tatsugoro Matsumoto. Foto: Discover Nikkei

El nombre de este peculiar proviene del japonés Tatsugoro Matsumoto. Él fue quien  vino al país a poner un jardín japonés por órdenes de Porfirio Díaz. Además, este hombre fue quien trajo las jacarandas de sudamérica a nuestro México.

No pierdas la oportunidad de conocer este increíble lugar y de tomar fotos a cada uno de “los hijos” de Miguel Ros.

#VeracruzEstáDeVuelta y este es uno de los lugares que hacen que valga la pena la visita al estado jarocho. Y aprovecha para dar un recorrido por la zona de las montañas que incluye el municipio de Córdoba y los Pueblos Mágicos de Orizaba y Coscomatepec.

¡Nunca Dejes De Viajar!

 

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