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Colima

Comala, el pueblo predilecto del volcán de Colima

El viaje no inició en el momento en que me subí al vuelo 835 de Aeromar con destino al aeropuerto de Colima, tampoco en el instante en que puse un pie en Comala. El viaje al llamado “Pueblo Blanco de América” tuvo otro comienzo: lo soñé. Fue de esos viajes que inician así, en un sueño.

¿Cómo es Comala?

La primera impresión me la regalaron los cientos de árboles que resguardan el camino de Colima a Comala, ni 30 minutos separan un lugar de otro. Los árboles cual vigilantes y armonizados hacen la bienvenida más cálida. La entrada de Comala es una invitación a sumergirse en un libro abierto, es traspasar un umbral, es viajar en el tiempo y detenerse.

El predominante color blanco de sus fachadas y las tejas rojas que las coronan testifican un pasado que se niega a abandonar este pueblo. Sus calles empedradas siempre son una invitación constante a recorrerlas, caminarlas despacio y escucharlas cuando nos confiesan que te dejes envolver por ese misticismo, que dicen que tiene este rincón colimense.

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Fachadas de Comala. Foto Miguel Velázquez

fachada de comala

Fachada blanca de Comala. Foto Miguel Velázquez

Es una calle principal la que conecta la entrada con el centro, al frente el imponente volcán de fuego resguarda a su pueblo predilecto. Los caminos de Comala son como los brazos del volcán, se extienden para recibir al visitante, por eso se dice que aquí se le abraza y se corre el riesgo de ya no ser soltado. El que visita este pueblo, lo hace bajo su propio riesgo, al menos eso fue lo que me advirtió el director de turismo de este lugar.

 

 

calle principal de comala

Calle principal de Comala. Foto Miguel Velázquez

El Centro de Comala

Pasear por el centro histórico es de lo más recomendable, es pequeño y si pones atención huele a café; así que puedes sentarte en una de sus bancas y disfrutar del aromático y es que Comala huele a café recién molido, -dicen que así huele el cielo-.

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Comala, centro. Foto Miguel Velázquez

En una de las bancas del centro se encuentra reposando ni más ni menos que Juan Rulfo, el escritor mexicano que no le vasto con inmortalizar a Comala en su emblemática obra: ‘Pedro Páramo’, sino que él mismo quedó inmortalizado en una escultura de bronce.  Mejor escenario no pudo haber existido para acuñar la famosa frase que aparece en la primera línea del libro: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.

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Estatua de Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo. Foto Miguel Velázquez

 

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Estatua de Juan Rulfo. Foto Miguel Velázquez

La literatura y la fantasía se llevan muy bien con Comala, en este pueblo mágico la cultura se respira por doquier. Cada calle, cada rincón son una expresión. Por eso debes llevar los sentidos bien alertas para desmenuzar este lugar y disfrutarlo a través de todas sus manifestaciones.

El pan de Comala

Las tardes en Comala son diferentes porque la víspera del ocaso se hace acompañar de un exquisito olor a pan que inunda las calles del lugar y es que las panaderías aledañas al centro histórico aprovechan para sacar de los hornos el tradicional ‘pan de pueblo’, coloquialmente conocido como ‘picón’.

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Picones de Comala. Foto Miguel Velázquez

Es un pan de color café dorado con forma de volcán; de un sabor exquisito con un toque de canela y pasas en su interior, se cubre y se adorna con una pasta similar a la que se usa para las conchas.

Propios y extraños han sido seducidos por este pan, los lugareños esperan la hora en que salga de los hornos, como quien espera a un amante o un amigo; y los visitantes que lo probamos por vez primera, simplemente pensamos que por cada mordida el viaje ha valido la pena.

La vida nocturna en Comala

A pesar de ser Comala un destino idóneo para la introspección, para el encuentro con uno mismo; la vida nocturna no está ausente. Cuenta con bares y restaurantes para pasar agradables momentos. En Comalala, por ejemplo puedes disfrutar de una gran variedad de cervezas artesanales, como la Colimita o la Páramo con toques cítricos y si te animas acompáñala con un mezcal, como el Don Fede, donde cada sorbo te sabe “de ha verás”. Por eso tómalo como se debe: a besitos.

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Comala de noche. Foto Miguel Velázquez

La gastronomía de este Pueblo Mágico

En Comala se come delicioso, uno de los mejores lugares para comer está a unos kilómetros: Suchitlán, una de sus comunidades. Es un encantador pueblo sumergido en la tradición, un lugar ideal para pasar el día y admirar las típicas máscaras talladas en madera, caminar por sus calles empedradas, mientras observas el Volcán de Colima.

La Higuera de Suchitlán es el sitio ideal para amar la gastronomía colimense. Coloridas mesas distribuidas en un enorme patio repleto de gigantescos árboles nos regalan un lugar de ensueño para tomar los primeros alimentos. Desayunar en este sitio es imperdible. El crujiente pan siempre acompañado de café de olla endulzado con piloncillo son la mejor opción para un buen comienzo. En el menú existe una gran variedad de platillos típicos, como los chilaquiles y los sopitos colimenses que a decir de los comensales; son de lo mejor de la carta. No de más está decir que se preparan de la manera más orgánica posible, tortillas hechas a mano e ingredientes naturales han hecho en este lugar su sello particular.

Los Portales

Sin duda no te puedes ir de Comala sin antes haber pasado un rato en los portales, en pleno corazón del centro histórico hay una variedad de restaurantes para pasar el rato en familia o con amigos, disfrutar de los antojitos mexicanos con el toque colimense como tacos dorados, sopitos, caldos, sopas y tostadas; siempre y cuando los acompañes con una refrescante bebida; las sugerencias son: una vez más la cerveza artesanal o un típico ponche con hielo.

A unos pasos del centro, sobre la calle Hidalgo, la que llaman “calle principal” se ubica una pizzería conocida como ‘Adobe Pizza’, el encanto de este lugar está en sus atenciones, en mayoría jóvenes nos hacen pasar una agradable velada. El lugar es una casona perfectamente cuidada y decorada, como abundan en el pueblo. Al entrar hay un enorme horno de leña donde cocinan las pizzas; en el menú hay diferentes preparaciones y combinaciones; las cuales se pueden acompañar de un rico vino tinto.

El café

Comala es tierra de café. A las faldas del volcán se encuentran miles de hectáreas cafetaleras, tal vez estas condiciones hacen que su sabor sea tan especial; que la taza que se disfruta, a cualquier hora del día, pareciera que tiene un espíritu propio. Es el café uno de los tesoros mejor guardados de este pueblo mágico.

El café lo encuentras de diferentes marcas empacado directo de las fincas; tan natural como el aire o la tierra. Pero la mejor parte es cuando caliente y humeante se disfruta sorbo a sorbo; tan reparador que hace sentir que el alma vuelve al cuerpo.

No pierdas de vista este lugar

Así es Comala, un lugar que ostenta con orgullo y por muchas razones el nombramiento de Pueblo Mágico, donde aparecen miles de razones para amarlo y quedarse con él. Para descubrirlo a través de los cinco sentidos y apasionarse con un sexto.

Un destino donde el tiempo es un lujo que solo quienes lo visitan se atreven a sentir: el lujo de vivir.

Pero no me hagas caso, mejor visita Comala y descúbrelo tú mismo.

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