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Curiosidades

El GATO de BOTERO: La obra que NO ENCONTRABA HOGAR

Conoce la historia del felino más famoso de Barcelona; un icono que pasó de ser una escultura nómada a un símbolo del barrio del Raval.

En el barrio del Raval, al sureste de Barcelona, España, se encuentra un gato monumental de bronce que se ha convertido en el punto de encuentro tanto de locales como de viajeros. Se trata del Gato de Botero: una escultura adquirida por el Ayuntamiento de Barcelona en 1987 que, tras 15 años de deambular por diversos rincones de la ciudad, encontró su hogar definitivo hasta 2003.

1. Gato de Botero en Raval. Foto - Alamy
Gato de Botero en Raval. Foto – Alamy

El FELINO de bronce

Las dimensiones del Gato de Botero son impresionantes: mide 7 metros de largo por 2 metros de alto y tiene un peso aproximado de 2,200 kilogramos (lo mismo que pesa un Ford Mustang 2025 o un rinoceronte blanco adulto), por lo que definitivamente es un gato imposible de ignorar. La escultura refleja el clásico estilo de Botero, el mismo que celebra la voluptuosidad y las formas redondeadas, otorgándole al animal una apariencia gordita y amigable que se posa sobre sus 4 patas. Y ni hablar de sus curiosos bigotes de bronce, cortos y gruesos, que rematan su aspecto felino.

Todo ello lo hace uno de los monumentos más fotografiados de Barcelona.

2. Rostro del Gato de Botero. Foto - Alamy
Rostro del Gato de Botero. Foto – Alamy

Sin embargo, antes de llegar a su hogar para siempre, este gatito gigante fue un gato callejero… Su andar comenzó en 1987, cuando fue creado por el artista colombiano Fernando Botero y comprado ese mismo año por el Ayuntamiento de Barcelona, que en ese momento no tenía idea de qué hacer con él. Su primer hogar fue el Parque de la Ciutadella, cerca del zoológico de Barcelona. Después fue trasladado al Estadio Olímpico durante los Juegos de 1992 y, posteriormente, lo pusieron en una plaza detrás de las Drassanes Reials, muy cerca del Muelle de Drassanes.

3. Gato de Botero. Foto - Carolina_BCN (Flickr)
Gato de Botero. Foto – Carolina_BCN (Flickr)

Para ese momento, el enorme gato ya había estado en 3 ubicaciones distintas en un lapso de 15 años, y no había encontrado un hogar permanente, hasta que en el año 2003 encontró el lugar amplio y luminoso que necesitaba: el Rambal, un enorme bulevar peatonal en el corazón del barrio del Raval.

Desde entonces, su cuerpo tosco y robusto se ha convertido en un ícono, que combina a la perfección con el ambiente abstracto del barrio.

4. Gato de Botero. Foto - Alamy
Gato de Botero. Foto – Alamy

Conociendo a MÁS GATOS

No sabemos a ciencia cierta si Botero era un amante de los gatos; nunca se le conoció mascota y tampoco se le llegó a ver con uno de estos felinos; sin embargo, sí que fueron un elemento fundamental en su obra, que se ha visto reflejada tanto en pintura como en escultura. Existen varios cuadros del artista donde los gatos logran tomar parte del protagonismo, como los cuadros ” La chambre”, “Niña con gato”, “La casa de Mariduque”, “Naturaleza muerta con sopa verde” o “La Escena familiar” de 1969.

5. Naturaleza muerta con sopa verde. Foto - 1st Art Gallery
Naturaleza muerta con sopa verde. Foto – 1st Art Gallery

Sin embargo, también existen otras 3 esculturas de gatos hechas por Botero, que se encuentran alrededor del mundo. Podemos encontrar uno en Ereván, Armenia, otro en la Plaza Botero, en Medellín, Colombia, y uno más en Park Avenue, Nueva York. Estos gatos comparten las mismas similitudes que su gato hermano en Barcelona: un cuerpo robusto, redondo, con bigotes cortos, mirada tierna y atenta, y un peso no menor de 1 tonelada.

6. Gato de Botero en Medellín. Foto - Alamy
Gato de Botero en Medellín. Foto – Alamy

Las LEYENDAS URBANAS del Gato de Botero

Visitar al Gato de Botero en Barcelona es una experiencia gratuita. Entre los turistas circula la divertida superstición de que tocar las partes nobles o el cascabel del gatito garantiza que tendrás buena suerte y regresarás a la ciudad. Esto ha provocado que ciertas zonas del gato brillen más que otras debido al desgaste. Sin embargo, otra de las funciones de este enorme gato es que ahora es un punto de reunión social donde la gente se cita, los niños juegan y la vida de Barcelona se refleja en cada selfie compartida entre sus patas.

Y es que, al final, el Gato de Botero es una prueba fehaciente de que el arte puede transformar el espíritu de un barrio. ❖

7. Niña jugando bajo el Gato de Botero. Foto - Shutterstock
Niña jugando bajo el Gato de Botero. Foto – Shutterstock
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