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Europa

AMPELMANN: El hombrecito ALEMÁN que se negó a DESAPARECER

En las calles de Berlín, entre semáforos y el ritmo apurado de la ciudad, puedes observar un curioso hombrecito con sombrero. Rojo para parar, verde para cruzar: simple, pero con historia.

Si caminas por las calles de Berlín, es casi seguro que te encontrarás con el Ampelmann (Ampelmännchen u “hombrecillo del semáforo”): la pequeña silueta de un hombre que mantiene el tránsito en orden. Puedes encontrarlo en las calles, en las filas de las tiendas o incluso en algunos souvenirs. Su presencia, más que ser de utilidad, es de cultura regional. Curiosamente, se trata de un símbolo que renació cuando parecía que iba a desaparecer de la historia…

1. Personas a un lado de semáforo con Ampelmann. Foto - @ariameiti (Instagram)
Personas a un lado de semáforo con Ampelmann. Foto – @ariameiti (Instagram)

El origen del AMPELMANN

El Ampelmann nació en 1961 en Alemania Oriental —solo un par de meses después de que se comenzara a construir el Muro de Berlín—. Lo diseñó Karl Peglau, un psicólogo de tránsito que quería algo más claro y amigable para los peatones, especialmente niños, ancianos y personas con problemas de visión. Su secretaria, Anneliese Wegner, dibujó la figura definitiva: un hombrecito bonachón, con sombrero, brazos y piernas cortos.

El diseño no era solo más simpático: el sombrero ensanchaba visualmente la silueta, haciendo que el peatón distinguiera la señal con mayor rapidez y a mayor distancia. Los brazos abiertos del hombre rojo también transmitían de forma más intuitiva la idea de detenerse. Ganó popularidad casi de inmediato.

2. Karl Paglau junto a su diseño de Amplemann. Foto - Amplemann
Karl Paglau junto a su diseño de Amplemann. Foto – Amplemann

Durante décadas fue parte del paisaje cotidiano en la República Democrática Alemana. No era solo un semáforo; este símbolo era funcional, barato de integrar y, sobre todo, memorable. Cuando cayó el Muro en 1989 y se unificaron las dos Alemanias, las autoridades pensaron en reemplazarlo por el diseño estándar de Occidente, ya que mantener diferentes sistemas de semáforos implicaba costes adicionales de mantenimiento y fabricación. El Ampelmann parecía condenado a desaparecer junto con otros símbolos del Este.

Para sorpresa de todos, eso no pasó: a mediados de los noventa, un diseñador de Tübingen llamado Markus Heckhausen, que vivía en Berlín, vio montones de estos semáforos viejos tirados en la basura. Empezó a restaurarlos, los convertía en lámparas y demás objetos y con ello, regresaron de cierto modo a recircular entre los ciudadanos.

3. Markus Heckhausenexaminando una pieza con la silueta del famoso Ampelmännchen. Foto - TAG24
Markus Heckhausenexaminando una pieza con la silueta del famoso Ampelmännchen. Foto – TAG24

La gente respondió y aparecieron por todos lados campañas para conservarlo; el Ampelmann se convirtió en una causa ciudadana y cultural, impulsada por asociaciones, diseñadores y vecinos que veían en él una pieza de identidad urbana.

Al final, el Ampelmann no solo sobrevivió, sino que se volvió un emblema de la Ostalgie, que no implica necesariamente añorar el sistema político de la RDA, sino que, en muchos casos, se refieren al cariño por algunos elementos cotidianos de la vida diaria como productos, diseños, programas de televisión o símbolos urbanos que desaparecieron tras la reunificación. Hoy está protegido en varios cruces del centro histórico y es parte oficial del paisaje urbano.

4. Semáforo de Ampelmann. Foto - @techswordshen (Instagram)
Semáforo de Ampelmann. Foto – @techswordshen (Instagram)

Nostalgia por el HOMBRE del SOMBRERO

Caminar por Berlín buscando al Ampelmännchen se convierte en un juego discreto pero divertido. Los encuentras en Unter den Linden, cerca de la Puerta de Brandeburgo, alrededor de Alexanderplatz o en Kreuzberg. No están en todos lados, pero cuando aparecen, destacan y roban sonrisas a los que conocen su historia de creatividad y resistencia.

Algunos cruces conservan los originales de los años 60, aunque muchos otros tienen versiones actualizadas. Incluso, en el 2004, Joachim Roßberg, el director de la empresa alemana de tecnología de tránsito Verkehrstechnik Rossberg, creó el equivalente femenino del Ampelmann: la Ampelfrau o Ampelmädchen, que fue instalada en algunos cuantos semáforos de Zwickau.

5. Ampelmädchen. Foto - Berliner Morgenpost
Ampelmädchen. Foto – Berliner Morgenpost

Aunque Berlín es el lugar donde más se asocia con el Ampelmann, la figura también puede encontrarse en otras ciudades del este alemán y se ha convertido en uno de los iconos gráficos más reconocibles del país.

Lo interesante de este hombrecito es cómo pasó de ser un elemento práctico a un objeto cultural. Hay tiendas oficiales de la marca Ampelmann donde venden absolutamente de todo: imanes, tazas, paraguas, camisetas y hasta galletas con su forma, sin mencionar objetos decorativos de mayor tamaño. No es un negocio de souvenirs baratos hechos en serie para enganchar a los turistas; tiene una línea propia que incluye productos bien pensados y muchos artículos se fabrican directamente en Alemania.

6. Tienda de Ampelmann en Berlín. Foto - Ampelmann
Tienda de Ampelmann en Berlín. Foto – Ampelmann

Para los berlineses, representa algo concreto: la capacidad de quedarse con lo que funciona, aunque venga del otro lado. Este hombrecito cumplía bien con su rol y la gente se encariñó con él. Hoy existen cruces peatonales donde el Ampelmann y el diseño occidental conviven a pocos metros de distancia, reflejando visualmente la historia de una ciudad que tuvo que reconciliar dos sistemas distintos.

Así que la próxima vez que visites Berlín, presta atención a los semáforos… no hace falta hacer una ruta especial, solo caminar con los ojos bien abiertos en busca del Ampelmann. En un momento te detendrás en un semáforo y ahí estará: con su sombrero y figura amable, esperando que cruces… y te aseguramos que te sacará una sonrisa.

7. Tienda de Ampelmann. Foto - @czarnakiciakicia (Instagram)
Tienda de Ampelmann. Foto – @czarnakiciakicia (Instagram)
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