África
La TRIBU MUNDARI: Viviendo a través de las VACAS
Ubicada en Sudán del Sur, esta tribu tiene una rutina de vida única que combina cenizas, excrementos, orina, vacas y tradición.
Sudán del Sur es el país más joven del mundo, tras su independencia en el año 2011. Situado en el continente africano, en una región aún acechada por el caos y la crisis, este país alberga cerca de su capital una interesante comunidad que vale la pena explorar. Se trata de la tribu Mundari: una tribu con muchos secretos y prácticas ancestrales que chocan constantemente con las ideas del mundo moderno…

LOS MUNDARI: Una tribu SORPRENDENTE
Al norte de Juba, la capital de Sudán del Sur, es en donde viven los misteriosos Mundari: un grupo étnico seminómada, cuyos integrantes —que son pocos— se componen principalmente de pastores de ganado y unos cuantos agricultores. Y no es solo su impresionante altura de casi 2 metros en promedio, ni su afición por la lucha desde temprana edad, ni sus típicas escarificaciones lo que sorprende de ellos, sino su relación íntima y sagrada con el ganado, específicamente con sus vacas tradicionales: las majestuosas Ankole-Watusi.
Los orígenes de esta legendaria raza de vacas de imponentes cuernos se remontan al año 4,000 a. C., en lo que hoy se conoce como el valle del Nilo. Desde la antigüedad, diversas etnias consideraban a estos animales como sagrados, y para los Mundari tampoco fue la excepción, pues según ellos, las vacas son médiums que les permiten comunicarse con su dios creador, Ngun.

Los RITUALES de las VACAS
El propósito y la vida de los Mundari están centrados en su relación con las Ankole-Watusi; ellos viven con, por y para ellas. Esta relación va más allá de una simple dependencia para poder subsistir; se trata más bien de una conexión espiritual que solamente puede ser lograda con ellas. Por ello no es de extrañar que estas vacas representen sus valores y virtudes. Ellas dan significado y también estatus y poder; y es tal su importancia que cada una de ellas es reconocida por cada integrante de la tribu. Estos animales se nombran desde su nacimiento y se adoran hasta el último día de su vida.

El día a día de los Mundari no sería posible sin la existencia de sus animales reverenciados, pues desde el amanecer, la tribu se dedica al cuidado de su ganado, realizando con devoción masajes con ceniza —que también se utiliza para cubrir su propia piel— con el fin de protegerlas de los mosquitos. Y es a través de este ritual de movimientos precisos que se alcanza un estado espiritual en donde es posible la comunicación con sus ancestros y con su dios Ngun.
Los niños también tienen sus propias tareas; ellos se encargan de juntar los excrementos de las vacas en pilas, que posteriormente son utilizadas como combustible para hacer hogueras cuyo humo —que se mantiene activo durante todo el día— mantiene alejados a los insectos y los acerca más al mundo espiritual, a la vez que se obtienen unos paisajes místicos con un color dorado espectacular cuando cae la tarde.

Aquí, los desechos de las Ankole-Watusi no tienen desperdicio, mientras sus heces se utilizan para encender hogueras y crear las cenizas; su orina es utilizada para ducharse… Sí, los Mundari se bañan en este líquido en una práctica que aparentemente no tiene nada de higiénica, pero que, debido a los cuidados que se les da a estas vacas, suele ser estéril y antiséptica, y que curiosamente contiene amoniaco: un compuesto que les permite obtener un característico color anaranjado en su cabello.
Y eso no es todo, ya que en esta tribu se acostumbra a realizar otra práctica ancestral que puede parecerte difícil de digerir, pero que es indudablemente efectiva. Abriendo la vulva del ganado y con la ayuda de sus bocas, los Mundari estimulan la vagina de las vacas mediante soplidos fuertes y constantes, que ayudan a aumentar la producción de la leche al favorecer la segregación de oxitocina.

El AMOR por las ANKOLE-WATUSI
Al tratarse de un animal sagrado, las vacas no suelen ser sacrificadas para su consumo. Aquí solamente se obtiene su leche y su sangre. La leche es extraída y tomada directamente desde sus ubres y la sangre se extrae a través de una perforación temporal. La única ocasión en la que una vaca es sacrificada es en la ceremonia de nombramiento.
Cuando una vaca nace, se le otorga inmediatamente un nombre; todo lo contrario a lo que pasa con los niños, quienes crecen durante varios años sin ser nombrados, como si fuesen simples extensiones de sus vacas favoritas. Esto cambia en la ceremonia de nombramiento, en donde el animal favorito de cada niño es sacrificado y, posteriormente, este hereda su nombre.

Es también en este ritual, en el que, en la frente del muchacho que pasa a ser adulto, es marcada una V, que representa la forma de los cuernos de la vaca. Un símbolo perpetuo que confirma lo que todos podemos suponer: no hay tribu Mundari sin vacas. Los dos son uno mismo, entidades que conviven en un mundo terrenal y espiritual.
Como puedes ver, la identidad de la tribu Mundari no podría explicarse sin la existencia de las sagradas y majestuosas Ankole-Watusi; en realidad, humanos y vacas son Mundari, y sus tradiciones son el reflejo de una forma de vida ancestral única que ofrece la oportunidad de vivir un mundo diferente y alejado de todo lo que conoces. ❖

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