Gastronomia Internacional
El irresistible KRAPFEN de Dolomitas: Un postre entre LAS MONTAÑAS
En el Val di Fassa, al norte de Italia, el tradicional krapfen se ha convertido en una parada muy buscada por senderistas de las Dolomitas, pues probarlo es parte del encanto de la montaña.
En las alturas del valle alpino Val di Fassa, en las montañas de las Dolomitas italianas, un krapfen recién hecho puede convertirse en un placer memorable.
Este postre, tradicionalmente alemán —y parecido a una dona, aunque sin orificio al centro—, se sirve caliente en el Rifugio Friedrich August: un refugio y restaurante de montaña (dedicado a Friedrich August de Sajonia (1865-1932): un apasionado del senderismo alpino que construyó el sendero que pasa junto al refugio) donde se sirve comida típica ladina, tirolesa, carnes ecológicas de su propia granja y pizzas, y que durante décadas ha acompañado las vistas al macizo de Sassolungo y el Sasso Piatto con deliciosos krapfen.

¿Qué es un KRAPFEN?
Suave, redondo, azucarado y relleno, el krapfen pertenece indiscutiblemente a la repostería alemana. Se prepara con huevos, leche, harina, levadura, mantequilla, vainilla, ralladura de limón y sal; después de varios reposos, se fríe y se rellena. Hay versiones con chocolate o mermelada, pero el del Friedrich August lleva crema de vainilla.
Su origen exacto es incierto, aunque una leyenda lo atribuye a una pastelera de la corte austríaca llamada Cäcilie, entre los siglos XV y XVII. Tiempo después, genero un fuerte vínculo con los carnavales, lo que también tiene una explicación histórica: antes de la Cuaresma se consumían alimentos más grasos y energéticos para prepararse para el ayuno; así, el krapfen encontró allí un lugar natural.

A 2 300 metros de altura, el Rifugio Friedrich August se encuentra entre el Col Rodella y el Passo Sella, en el Val di Fassa, valle de las montañas Dolomitas, desde el que se accede a los grupos de montañas que componen la cordillera, entre ellos Catinaccio, Sassolungo y Sella. Este refugio ofrece vistas del Catinaccio y del macizo del Sassolungo, grandes escenarios rocosos de la zona.
Allí, el krapfen no nació con las redes sociales, pues el refugio lleva preparándolo desde hace décadas y sus responsables sitúan la tradición en unos 40 años. En temporada alta, comienza a venderse alrededor de las 07:30 a.m. y suele agotarse antes de las 10:00 a.m.; cada pieza cuesta aproximadamente entre €3 y €4 ($61 MXN y $81.50 MXN / $3.35 USD a $ 4.50 USD).

Probar el krapfen del Friedrich August puede ser uno de esos pequeños rituales del recorrido: llegar temprano, encontrarlo recién hecho y acompañarlo con un café mientras las cumbres dominan el paisaje. La experiencia gana cuando la pausa permite también mirar alrededor y apreciar el escenario que la hace especial. El momento parece sencillo: un krapfen recién horneado, todavía caliente, un café y las montañas de fondo. Quienes lo han probado destacan justamente esa combinación, porque el encanto está tanto en el bollo como en sentarse frente al Sassolungo y el Sasso Piatto.
La popularidad explotó cuando fotografías y videos mostraron esa escena en redes sociales. Las filas llegaron a reunir hasta 300 excursionistas y el krapfen comenzó a desaparecer durante las primeras horas. Así, una tradición del refugio se convirtió en un motivo para subir, aunque su encanto esté precisamente en caminar, llegar, detenerse, mirar y saborear.

Las DOLOMITAS: El escenario PERFECTO
Las Dolomitas son una extensa zona de montañas calizas de los Alpes orientales, en el norte de Italia, formada por grandes macizos separados por valles y unidos por altos collados. Su paisaje combina paredes rocosas, bosques, praderas, pueblos y refugios, y en 2009 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El Val di Fassa, Canazei y Campitello permiten acceder a los grupos del Catinaccio, Sassolungo y Sella, con senderos y refugios. Es un escenario para caminar, escalar y descubrir distintos paisajes. Allí, el krapfen tiene sentido como una recompensa que, aunque parezca sencilla, es una explosión de sabor que se disfruta mejor cuando la montaña también forma parte del momento.
La viralidad convirtió al krapfen en una atracción, pero su historia es anterior a las publicaciones que lo hicieron famoso. Disfrutarlo con calma permite devolverle su lugar natural como un complemento de la caminata, del refugio y de las vistas. La montaña aporta el paisaje; el refugio, la tradición; y el krapfen, el bocado dulce.
Una buena manera de acercarse al Friedrich August es ir por el krapfen, pero quedarse y conocer todo lo que lo rodea es parte de la experiencia. Entre el Col Rodella y el Passo Sella, este postre puede ser el protagonista por unos minutos, pero disfrutarlo acompañado de todo lo que ofrecen las Dolomitas, con la calma que merecen, puede convertir una simple parada en un recuerdo para toda la vida. ❖
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