Un lugar tan mágico como Oaxaca de Juárez, siempre tiene tesoros por descubrir, entre ellos se encuentra un trocito de encanto llamado Jalatlaco, el barrio más bohemio de la ciudad de Oaxaca ¡Te invitamos a conocerlo!
De día es un barrio con asombrosos contrastes, amas de casa regando las macetas en sus grandes balcones y ventanales, pero por la noche se convierte en un sitio bohemio.
la vida cotidiana de este barrio se llena de vendedores de pan y gaznates recorriendo las calles y las campanadas suenan desde la Iglesia de San Matías, un bello ejemplo de la arquitectura del siglo XVIII.
Justo en frente del templo, se localiza la calle de Aldama, donde comercios como cafeterías, restaurantes y algunos negocios tradicionales aparecen entre ventanas adornadas con macetones y artesanías folklóricas.
¡Color por todas partes!
Cada acera de este barrio, de Oaxaca, tiene escrito una expresión artística, músicos se dan cita en algunas esquinas o negocios para deleitar con canciones tradicionales.
Artistas urbanos pintan paredes con enorme fascinación que le dan una personalidad única a Jalatlaco: Desde astronautas hasta catrinas bailando en los marcos de las puertas.
Entre tanto atractivo, lo mejor es descubrir los rincones de Jalatlaco, presta atención en los detalles, como puedes ver colibríes pintados en los timbres de las casas, hasta encontrarte con naturaleza muerta que envuelve algunas fachadas abandonadas, regalando un sitio ideal para tomarte muchas fotos.
Incluso hay calles que se pintan de colores, no sólo por la pintura sino por las enredaderas de flores que se desplazan con ir y venir del viento.
Sucede lo mismo con cactáceas y árboles de frutas que se asoman muy coquetamente entre los balcones.
Jalatlaco, el barrio más bohemio de la ciudad de Oaxaca
Lo ideal es caminar entre cada una de sus calles y sentir la forma en que se conducen, tal como si fuera el flujo de un río.
Es aquí donde la historia se hace presente y pone en evidencia el pasado del barrio, solo basta con ser muy observador en los callejones.
Piedras labradas por el agua hoy forman parte del trazo de las colinas por donde se desplazaban los rios y los “bancos de arena” (significado de la palabra Jalatlaco), estos bajaban de los manantiales de San Felipe, al norte de la ciudad.
Hoy, en ese sitio encontramos parte del río y un puente con arcos que siguen de pie después de tanto tiempo.
Parece un poco misterioso, pero a la vez encantador ya que es el mayor testimonio de que los años dejaron cicatrices.
El templo que despliega la sorpresa
La fachada del templo, San Matías, es muy sencilla: cantera amarilla, roca, nichos con decoros simétricos a su alrededor y una exquisita torre colorida de tonos chillantes que resalta entre su estructura.
Lo que siempre sucede en Oaxaca es que por fuera los templos son muy discretos y sobrios, pero en el interior se despliega toda la sorpresa.
El coro alto con su órgano y el altar neoclásico principal es digno de admiración, si sales por la puerta lateral encontrarás una tranquila plaza donde puedes sentarte al lado de imponentes árboles.
Aprovecha para sentarte bajo la sombra de estos viejos cansados pero de pie, y sentirás como poco a poco te refrescas con el viento. Estás en Oaxaca y este es uno de esos momentos que te enamoran de los pueblitos.
¡Vayámonos de boda!
Cuando las personas se casan en este sitio y hacen las calendas de bodas (un desfile de baile y canto con las chinas oaxaqueñas, así como invitados “el pueblo) el tumulto va avanzando.
Parece que estas estampas se quedan capturadas para siempre, porque a lo largo del barrio encontramos simbolismos de estos bailes típicos pintados en las fachadas.
Por si fuera poco todo esto, desde aquí, en Jalatlaco, puedes irte caminando al centro de la ciudad de Oaxaca y seguir explorando más retratos de un pueblo lleno de magia e historia. ¡Qué bonito es pueblear!
¡Nunca dejes de Viajar!